Eugenia Cabral

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Eugenia Cabral (Córdoba, 1954). En 1981 fue cofundadora del grupo literario Raíz y palabra. Dirigió Ediciones Mediterráneas (1988-1992) y la revista Imagin Era - La Creación Literaria (1991-1993). Colaboró en el suplemento cultural de La Voz del Interior (1993-2000). Ha publicado El buscador de soles (poemas, Ed. Municipal de Córdoba, 1986); Poesía actual de Córdoba - Los años ’80 (prólogo y antología, Ed. Mediterráneas, 1988); Iras y fuegos - Al margen de los tiempos (poemas, Último Reino, Bs. As., 1996); La almohada que no duerme (relatos, del Boulevard, Cba., 1999); Cielos y barbaries (poemas, Alción, Cba., 2004); Tabaco (poemas, Babel, Cba., 2009). Ha obtenido numerosas distinciones y premios.

Carta a la madre vietnamita

¿Es ésta mi patria?

La antigua respuesta hubiera dicho que sí,

que esta Argentina de mis bisabuelos es la patria,

la madre de la que tomé su lengua y su vientre.

Creo en la sangre sepultada bajo el humus

pero debajo del cemento hierve la podredumbre,

pulula en los huesos de los viejos esclavos,

de los siervos mitayos, de las tribus aniquiladas

y enterradas a profundidad histórica.

Se está pudriendo la fruta podrida.

La tierra está infectada.

Aquella tierra yerma fue por sangre cubierta;

deforestaron los bosques y mataron a los hacheros;

contaminaron las aguas y mataron a los ribereños.

¿Es ésta mi patria?

Si es diosa tutelar, estará clamando venganza

por la afrenta; como en arcaicas epopeyas

cubrirá su rostro para no ser reconocida

por el traidor y exigirá justicia ante el altar

del holocausto para los 32, para los 80,

los 30.000, los 800.000,

los incontables, los inequívocos.

¿Es ésta mi tierra?

¿La cubierta de duelo, la cubierta de polvo?

El dinero es polvo, es duelo, es nada.

La vida es duelo, es polvo, dinero.

La sangre es dinero, es polvo, es duelo.

La tierra es polvo, es duelo, ¿es nada?

¿Es esta, todavía, nuestra patria?

¿Habrá que huir, que cambiar?

Miro el rostro de mis hijos.

¿Tenemos entereza para defenderla?

El acto, la acción que nos libere.

Justo ahí, el golpe en la medalla.

Seguir mordiendo la fruta podrida.

Partir la podredumbre por el medio,

como un hueso ya partido por la muerte,

como una corzuela ya herida por la bala

(2003, inspirado en un poema de Wislawa Szymborska.)

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