Hernán Jaëgui

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Hernán Jaeggi nació en Villa General Belgrano, Provincia de Córdoba, en 1953. Es dramaturgo, guionista de televisión, docente y coordina talleres literarios. También coordina los ciclos Palabras de Poeta y Córdoba Cuenta en la Facultad de Lenguas de la UNC.

Publicó los libros de poemas: Último recurso (1978), Zona marginal (1984), Las manos en el fuego (1986), Vincent (1994), La sombra de la pipa (2004) y Carnalval (2010). Sus poemas han sido seleccionados para antologías de Argentina y del extranjero.

OSCAR

Peces. Peces.

Besos veloces

como recuerdos.

El mar es una tela

de hilos suaves.

Algas. Algas.

El silencio

es verde.

Se oye la luna

chapotear en el agua.

Ya no escucho los perros,

los gritos mordidos,

las amenazas que golpean

como un puño en el pecho,

los ahogados gemidos.

Arenas. Arenas.

Una calma profunda

me llena los pulmones.

La paz del mar

la llevo apretada

contra el corazón.

LUIS

No resisto más,

el cuerpo ya no existe.

Sólo somos yo y mi alma,

¿dónde está el alma?

Puedo tocarla como si fuera

una bola de algodón blanco,

la pluma de un pájaro.

Tan suave y liviana

pero no inexistente.

Me pesa como una plancha de plomo,

como una tonelada de pecados

en el corazón

-no son todos míos-.

Alma mía, dame un beso

y déjame morir en paz.

ANA

Si Dios tiene respuestas para todo

espero que un día le responda

a mis hijos

cuando pregunten:

¿Dónde está mamá?

ERNESTO

Me envuelven abrazos de gritos

la noche me dispara tiros

los gritos me lanzan tiros

la noche dispara abrazos

me envuelven tiros

la noche me abraza con sus gritos

tiro gritos.

FÉLIX

Llegaron en medio de la noche

y el sueño

con sus corazones vacíos

y su miedo armado,

trayendo muertos

para asustar a todos.

Llegaron en medio de la noche

y el sueño

y así serán sus vidas:

siempre en su orilla de sombra

ocultando su cadáver adentro.

ÁNGEL

Mi padre llegaba

con los brazos duros

de ablandar el acero,

con su espalda de tronco

y su corazón generoso.

Después,

cuando la noche apoyaba

su inmensa mano

sobre nuestras cabezas,

la brasa de los cigarrillos

eran dos estrellas

entre millones de estrellas.

Aquellos momentos

quedaron sembrados

como una semilla

en la memoria

y yo me aferro a ella

para sentirme más unido

a la vida.

Estamos fumando

todos en silencio:

padre, hijo y noche.

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