Nara Mansur
Publicado por Festival Internacional de Poesía de Córdoba 0 ComentarioNara Mansur Cao (La Habana, Cuba, 1969). Poeta, dramaturga, crítico teatral y editora. Egresada del Instituto Superior de Arte de La Habana. Formó parte del equipo del Departamento de Teatro de Casa de las Américas entre 1994 y 2007 y fue Jefa de Redacción de su revista Conjunto, dedicada al teatro latinoamericano. Impartió el Seminario de Dramaturgia en el ISA entre 2002 y 2007. Es autora de los poemarios Mañana es cuando estoy despierta (2000), Un ejercicio al aire libre (20004) y Manualidades (2011), todos publicados por la Editorial Letras Cubanas. Manualidades obtuvo el Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén. Como dramaturga dio a conocer Desdramatizándome. Cuatro poemas para el teatro (Ediciones Alarcos), merecedor en Cuba del Premio de la Crítica 2011. Sus textos teatrales han sido llevados a escena por grupos de su país y representados como lecturas dramatizadas en festivales de teatro de Estados Unidos, Colombia y Puerto Rico. Actualmente es colaboradora del Estudio Teatral El Cuervo que dirige Pompeyo Audivert en Buenos Aires.
Mala praxis. El portero está de duelo
Hay un niño muerto que cuida a los otros niños.
Hay un bebé ahogado en su cordón y mientras Emilia respira
él hace guiños y saca el aire que la puede dañar,
la hace eructar y agarrarse las piernas
lo más empinadas posible.
Y en la coreografía se besan los labios desnudos
los dos bebés:
el bebé que no está donde lo esperaban, y Emilia.
Hay una ceremonia preparada, un ron añejado y herida
una corazonada;
están los abuelos esperando que les entreguen
el cuerpo del santo varón,
está el milagro de la felicidad en mi propio cuarto, al lado mío.
Pero también el miedo y el ángel con prismáticos
que lo ve todo y no perdona las simulaciones
ni los accidentes.
Entonces Emilia bosteza y se viene todo abajo,
donde están las vacas, los elefantes y las ballenas;
con una sola vocal los llama y les pasa la lengua
deleitada,
deleitados,
eeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee.
Hay algunas mamás que no llegaron a la hora indicada,
no se dieron cuenta o no se asustaron lo suficiente
y nos dejan sus historias clínicas como legajos de buena suerte
a las otras que pudimos aprender algo en el camino,
a las que nos sucedió el milagro
y no perdimos el sueño ni nada más preciado.
(Algo que no me atrevo a escribir aquí
por si creen que me he tomado alguna atribución indebida
o una de esas bebidas con las que no pudo celebrar
como esperaba la familia de Ramón).
Hay un niño muerto que vela el sueño de Emilia
y la hace llorar, tener hambre y despertarse.
Ella lo mira, le parece hermoso;
se refleja en sus pupilas la mirada del otro niño
con más pelo y esa especie de limbo
de donde viene:
el lugar de las aguas que lo inundan todo,
frágiles y pequeños los cuerpos
a la deriva.
