Martín Araujo
Publicado por Festival Internacional de Poesía de Córdoba 0 Comentario
Nació en Morón, Buenos Aires. Es escritor, periodista, técnico en instalación de aires acondicionados split, músico, licenciado en ciencias de la comunicación por la UBA, acompañante terapéutico, herrero, docente. Publicó Cantata (Macedonia, Bs. As., 2008) y participó de la antología Vidas posibles (Eudeba, Bs. As., 2000). Publicó las plaquetas Memorias del salón de té, CVC y Diario de viaje a través del autosello Berrretín Ediciones.
Coeditó en Buenos Aires la revista la piel (2002-2004) y colaboró en diversos medios del país. Actualmente reside en Córdoba.
Diario de viaje. Día 61
Hay un momento del viaje en que se acaba el viaje. O que, mejor dicho, muta y se hace otro, porque en verdad el viaje nunca acaba. Lo podemos ver en alguna peli de Nolan o en Herzog, pensarlo con el Cortázar más almibarado y también con el bellísimo Matadero 5 de Vonnegut. El viaje es como el ritmo.
Pero hay un momento en el que el viaje se encausa, se entronca, derrapa. Es la amenaza del cese, del enraizado, del cachado.
La fijeza es una respuesta del cuerpo, como un virus. Una defensa, una reacción, un anticuerpo. La consunción del sistema inmunitario, la vaccin del viajante.
De repente, un lugar confortable. Un oasis o la impresión de un oasis. Espejismo. ¿Espejismo? Nada se sabe de si es un sueño en el sueño. O cuando deja de ser sueño. O si hubo alguna vez sueño.
Reglas de mercado claras. Cuotas y tarjetas crediticias. Autos accesibles. Transporte público en horario. Urbanización eficiente. Empleos customizados. Cerveza barata.
Un día despertás y ves que en el espejo no hay nada. Una bolsa de arena o peor, arena suelta, remolino. El café pasa de largo y sos arena húmeda y oscura, saco roto.
Bajas hasta la piscina, dejas el apartamento a oscuras, la alberca, ves que sobre la rufa sube el sol, sube y sube, hasta que desaparece. Pareces uno de esos personajes chilos a los que le crecen globos por manos. Globos rojos de gas comprimido, estáticos.
Es la inflexión, la coda del viaje. Escuchás que te habla el cactus, oh San Pedro gigante, luz de la reflexión, devuélveme al camino. Y el camino se abre así a tus pies, ancho y deforme.
Y te vas pateando feliz sin saber que en el taco de la bota llevás pegada una copia de la Ley de Arizona. Y un wanted con su imagen, la foto en traje de taekwondo, a los ocho años.
Puerto Pollensa
Como dos gaviotas
arrojadas sobre este llano
se abrazan en el pasto de la noche
lejos del foco de la plaza mayor
y la confitería
acá en la ruta orillada
a espaldas del silo
a minutos del sol
abrazadas como gaviotas
blancas de luna en la playa pampa
donde nadie las ve
o solo yo que es lo mismo
solo con mi anteojo
mirándolas desde hace horas
separarse del mundo como semillas
como dos alas
Saben que las miro
y no les importa:
las veo vestirse en el primer rayo
desenlazar los dedos
el hueso de la lengua
y volcarse a esa ola
plana de sal y pasto
afuera de la ruta
volviendo a la ciudad
