Eduardo D’Anna
Publicado por Festival Internacional de Poesía de Córdoba 1 Comentario
Nació en Rosario en 1948. Desde hace algo menos de cincuenta años participa de la vida cultural de la ciudad. Ha publicado cerca de una veintena de libros de poemas –los últimos en la editorial Recovecos de Córdoba–, una novela (La jueza muerta, De la Flor, 2001, con prólogo del Negro Fontanarrosa), el ensayo Nadie cerca o lejos, que se ocupa de la literatura argentina desde el punto de vista del interior (Identydad, 2005), y una historia literaria de su ciudad natal (Capital de nada, Identydad, 2007). Su traducción de la obra poética de W. B. Yeats ha sido publicada recientemente por Alción. Perteneció a la revista El lagrimal trifurca, y actualmente es editor de la revista Facundo.
El mar
El mar; y sí.
El mar, ¿vos te acordás?
El mar, y todo.
Acordándome. Años.
De aquella vez que vi
o que vimos el mar.
Que después no fue el mismo.
Va a venir agua.
Agua. Aguacero. Lluvia.
Con el calor que hace
no es raro. Y ojalá
que haya truenos también,
aunque a vos no te guste.
Pero los truenos son
hermosos cuando el cielo
se pone bien bien negro.
¿Y la luz?
¿Vos viste lo que es?
El sol. Está tremendo.
Los yuyos y las plantas
dan un olor. Y los
bichos que cantan hacen
mover al corazón,
viejo como es.
Pero a esta hora
se puede caminar,
todavía. La calle
es como una palabra
que empezamos a usar.
Y estaba el mar
al final de la calle,
¿te acordás?
- - -
Seguir
He dejado señales mías
en ciudades sembradas de acequias,
en ciudades que suben a la montaña,
en ciudades con costaneras bajo la lluvia
de febrero, y que si alguien
se pusiera a enhebrarlas, yo saldría
recitando poemas, como antes.
Pero el idioma ya cambió.
El idioma en que estaban escritas
las señales, cambió. Lo no vivido,
lo vivido por mí, ya no será
poema. Debo escribir.
todo de nuevo. En el Infierno.

Un gusto será conocerlo Gracias