Miguel de la Cruz

Publicado por Festival Internacional de Poesía de Córdoba 0 Comentario

Nació en Anguil, La Pampa, Argentina, 1958. Escritor de poemas, relatos breves y artículos sobre arte y literatura. Ha publicado en Vuelo plural, edición colectiva (1980), Desde la trampa (1981), Poemas regionales (1987), Guía de ausencia (1994), El sendero sin bordes (2003), Es lo que no sé (2010).

Cristo posando para un pintor anónimo

Cristo crucificado posa para un pintor anónimo.

Sabe qué significa no haberse bajado de la cruz:

en esa geometría del dolor está su poder,

obra maestra de la carpintería

por la que lo reconocerán.

Cristo se aguanta que el pintor se vaya a dormir

y lo deje colgado.

Le aguanta lo que sea:

que desvirgue a una chica modelo en sus narices

y encima le vomite el alcohol puro de sus borracheras promiscuas,

o lo amenace con lincharlo.

Todos son actos sagrados a la vista de Cristo,

las vidas tenebrosas lo ponen a prueba, lo provocan a muerte,

por lo que él hace de su cruz un altar.

Ora de corazón por el pintor

porque no sabe lo que hace.

Y él sí. O eso cree.

El corazón, que pinta de rojo las pasiones,

empalice el cuerpo de Cristo.

La muerte va a reemplazarlo por la imagen

que el pintor interpreta, como si lo resucitara

y fuera otro del que posa a su frente.

Es que nunca volverá a ser el mismo

aquél que vuelve de la muerte.

Quién diría de un tipo como Cristo,

de manos milagrosas y pies que levitan sobre el agua,

ahí en la cruz, atado de pies y manos,

colgado en un taller como la res en el gancho,

trabajando por hora con su imagen

para un pintor anónimo que lo sabe rey pobre,

con el que va a ganarse el reino de ricos y famosos

por su mejor original.

Y así Cristo,

esclavizado por un vasallo,

con tal de ser repartido como el pan,

se deja ir:

Él sangra

y el otro lo pinta.

Burlas en la cara

Pueblo burlón, barrio burlón,

cuadra burlona, cerca burlona,

los vengo atravesando

desde el primer día de clase.

Hace años que mido sus gestos

por el trazado de una mueca

que dejan a mitad del aliento

entre la escuela y la funeraria.

Hay que girar con la luz

que la mirada sea un bosque

la mano tentación

el tacto el borde herido el cierre del ojo

la mano que saluda

la mano que impera en la escritura

la mano en la llave

la cerradura en la mujer del cruzado

la mano que abre el sexo

y le ayuda a la boca a besarlo

esa mano roja por el parto las encías el sexo otra vez.

La palabra es láser:

atraviesa la vida entera

cuando señala con claridad

la parte mal actuada

de la representación callejera.

Todas sus burlas vienen

del mismo pueblo, del mismo barrio,

de la misma cuadra, de la misma cerca.

¿Cuándo van a cambiar de lugar?

A veces me cruzo con viejas máscaras

Tienen los rasgos torcidos

por la repetición de sus sarcasmos

Se han quedado fijas en una última burla

con ese colgajo que da pena y asco

llevando el día de su muerte en la cara

Como fantasmas atraviesan

pueblo barrio cuadra cerca

No sé qué más

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