José Di Marco
Publicado por Festival Internacional de Poesía de Córdoba 0 ComentarioNació en Río Cuarto, donde reside, en 1966. Licenciado en Lengua y Literatura, enseña Estética y Filosofía del lenguaje en la UNRC. Estuvo a cargo de numerosos talleres literarios de poesía y narrativa. Integró el grupo Poetas del Aire. Ha publicado dos libros de poemas: Mundo sublunar (2006) y Una música anterior (2010). Comparte la dirección del proyecto editorial Cartografías.
De vos habla el poeta
¿cómo oponer un yo desventurado
tan solo tan pequeño tan hambriento
a esta incesante clara abierta incandescencia?
Edgard Bayley.
Los poemas son de quienes recorren
con ojos silenciosos la estela de sus versos.
En voz alta los pronuncian, tiembla el aire:
dulces plegarias para un cielo presente.
Algunos los transcriben y los guardan
para conjurar silencios. Gran alegría
o dolor inmenso enmudecen
al que los recibe como un piedrazo en la frente
o alud de sol en el invierno áspero.
Eso hice yo, robé del vate
que hizo del sol una naranja perfectamente redonda
y de la poesía un desperdicio irremediable,
las palabras que en mi voz se encienden
para decir el resplandor
que tu nombre escribe en mi alma.
Amada incandescencia,
tan ajena
y tan mía.
A quien corresponda
Lo acepto, Garcilaso, yo también odié a la Musa.
Como hoy, amaba entonces
lo que canta alrededor y acompaña
nuestro paso errático por los días:
los estallidos de este mundo
donde somos arena en la huella del olvido.
Pero no encontré la voz para contarlo.
Cedí al bramido de los caños de escape,
compré un póster Jim Morrison
y me uní al karaoke de los malditos.
Hice de la lírica un jingle.
Entiéndame, Garcilaso, era joven
y quería que las chicas tatuaran
mis versos en sus glúteos.
No sé, no sabremos nunca,
qué es la poesía. Pero con ese borrego
que alarga las frases para hablarnos
de la melancolía de las moscas
no comparto la mesa. No.
