Ricardo Cabral

Publicado por Festival Internacional de Poesía de Córdoba 1 Comentario

Ricardo Cabral - Foto Dina Cantoni

Nació en Sampacho (Córdoba) en 1978. Vivió en Moldes, en Córdoba, y hoy reside en Buenos Aires. Escribió el box Desorden (Bistró Casares, 2002) y los booklets 1er set (Diálogo Beat, 2004) y Escuchando el sol (EVNO, 2012). Integra el colectivo Esta Vida No Otra y es freelance en medios gráficos y radio desde hace años.

Fragmentos de la nouvelle Sobrevida (EVNO):

1999 el Abasto se incendia de colores se apiñan bares de reggae rock cabeza blues tecno y shows en vivo y caminamos sin cuidado por pasajes minúsculos para hacer una tuca ocasional o sólo por el placer de caminar.

Hangar 18 El Cairo El Bebedero Captain Blue El Bar del Enano La Embajada Club 33 RPM El Mariscal La Sala Río El Coronado / Cientos de mañanas expedidos por la bajada Alvear la cerveza caliente la transpiración de las paredes el hedor de baños de mierda.

Noches de mirar las luces y no poder interactuar a las seis cuando todas las fichas están dispuestas y no llegamos siquiera a la mesa / una morocha de ojos esmeralda el pelo corto el lunar pegado a la comisura de los labios boa de plumas negras pide su obsequio de cumpleaños antes de que nos echen del lugar.

La lengua hasta la campana de largada recorriendo el paladar en un vaivén sedoso los ojos bien cerrados los ojos rojos las manos en la cintura el futuro un adiós y la salida / el reencuentro a la vuelta en el peor bar de mala muerte vidrios en el piso estampida otro bar de mala muerte y las mesas los besos hasta las diez.

Tres días y tres llamados después la chica atiende tiene diez más es una profesional de la evasión / igual cita para las seis invierno gris plomizo gris un callejón de Alto Alberdi dos pisos más arriba y la puerta que se cierra y en el hall / la misma rutina en el paladar las manos llenas de humedad humedad en la ropa interior la intensidad de un aroma cítrico dulce seductor la boa dispuesta en el vestidor / un cierre franqueable junto a las azaleas United States of America y “Modern life is rubish” de Blur en vinilo en celofán / el salvajismo en una silla de comedor en el borde angosto de una mesa rectangular en el piso la confesión de recién casada la confusión de principiante y a unas cuadras el walkman: “por qué no cerrás la puerta y juntás las cortinas / porque no vas a ir a ninguna parte / él viene subiendo las escaleras y en algún momento querrá verte en ropa interior”*.

Es el momento que antecede a la mañana: la calma violácea, el aire que acaricia la piel para recobrar el aliento y dejar atrás la somnolencia como quien se despoja de un abrigo. En panorámica, el sabor de los aromos, árboles frutales (limoneros, naranjos y plátanos) en el paladar y en el iris, las terrazas de casas bajas vadeando los edificios, pobladas de gatos negros, grises y rubios. En la mente, un tráfico de imágenes y sonidos corriendo a mayor velocidad que el viento:

/ una familia sentada al sol y entre las migas del mantel de plástico una Pionner al son de “Alegrías cordobesas” / Natalia a los quince en el patio de quinotos y su mano en la izquierda escuchando “Siempre acampa” (el pelo castaño carré, el flequillo rozando las cejas y el jean sin botón) / la pared con tres metros de pósters, publis y Laura con un cigarro en la boca pendiendo del filtro hacia un escote en mayúscula / “And then nothing turn it self - inside out” de Yo La Tengo saltando al vacío junto a una pelota de tenis desde la ventana de un 4º piso en Olmos y Alvear / “Distraídos” de Cineplexx y Ángeles y la espalda desnuda alunizada y las piernas / tan delicadamente cándidas en una siesta de sábado en septiembre / Vani en el armonio y un canto dulce, elevado en lenguas indescifrables mitigando cualquier herida / un ascenso a la montaña en Donostia para rezarle al Santo Cristo de la Mota y un descenso de las almas para encontrarse al final del precipicio / las flores rojas y las esporas naranjas de un suéter sondeando los jardines del Mitte en Belgrano / la “Sangre de amor correspondido” de Puig en Brasil y en otra cama de proporción desmesurada / todos los amigos los versos y los besos de un amante que siempre va con lo puesto / siguiendo la voz de Pablo en el cuadrángulo: “Lo que duele al despertar es el reflejo de la luz en tus ojos.”

* Underwear, de Jarvis Cocker en Pulp, Different Class (1995).

Una respuesta a ‘Ricardo Cabral’

  1. juaninfinito juig dice:

    Ricard genio amigo!

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