Leopoldo T. Castilla
Publicado por Festival Internacional de Poesía de Córdoba 2 ComentariosNació en Salta en 1947. Ha publicado, entre otros, El espejo de fuego, 1968; La lámpara en la lluvia, 1971; Generación terrestre, 1974; Versión de la materia, 1982; Campo de prueba, 1985; Teorema natural, 1991; Baniano, 1995; Nunca, 2001 (Premio de Poesía del Fondo Nacional de las Artes); Libro de Egipto, 2002; Línea de fuga, 2004; Bambú, 2004; y El amanecido, 2005. Obtuvo premios nacionales e internacionales. En 1976 se exilió en España, donde vivió 21 años. Vive en Buenos Aires y en Salta.
De El amanecido:
Loro
a Edgardo Diez Gómez
Esa flor sacrílega, habla.
No imita, habla
y desea el vino, las mujeres y el pan de los hombres.
Ese es su secreto.
Avanza por el aro
y cierra el círculo.
Entonces chilla igual que ellos
cuando eran pájaros
o canta, como las campanas,
con el pavor de tener dos almas.
Mientras ellos repiten lo que él dice, ríe
y se pica el pecho
y se lo parte,
ríe a carcajadas
y se pica a fondo el corazón
para que el secreto salga.
***
XI
Un hombre
cae
hasta perder su nombre
el futuro no alcanza
la velocidad de la sangre.
En el salto
sólo el salto es alguien.


El poeta comprende que cuando más distancia marca el poema de su lector, la aprehención del mensaje es mejor. Es como comer, la digestión de las comidas chatarras dura apenas unos minutos, y en solo unos minutos más sale del organismo. Quiero decir que e come y se caga igual de fácil.
El autor nos entrega comida elaborada y pensada, por eso en su críptico argumento hay una verdad: el animal humano no ha dejado de ser un simio infantil y desconcertado.
Muy agradable.-
Feliz de que este poeta sea uno de los invitados 2014