Jorge Dipré

Publicado por Festival Internacional de Poesía de Córdoba 0 Comentario

Nació en Ceres, Santa Fe, en 1960. Fue editor de varias revistas y cofundador de la editorial de autor “El Heresiarca & Cía.” Durante años privilegió los proyectos de escritura y edición en común, en prosa y en poesía: “13”, “El bodrio”, “del Señor S sólo sueños; “Desfile de monstruos”, entre otros. Ha publicado “Merodea” (2006), “Todo se quema aquí” (2009) y “Cicatriz” (2013), en Ediciones Recovecos. Actualmente reside en la ciudad de Córdoba.

Seis balas

Vendí los zapatos

los juguetes de mis hijos

una caja con libros que compramos

con el dinero que nos regalaron cuando nos casamos

algunas otras chucherías.

Con lo recaudado compré un revólver usado.

Elegí uno con el que habían matado primero a una adúltera

y luego a un policía que intentó robar una panadería.

Pasión y delito, rumié. Saqué la bolsa con billetes y monedas

y me llevé el fierro guardado cerca del corazón.

Tenía muy claro para qué lo quería

pero desperté de golpe.

La persiana había quedado entreabierta

un rayo de luz cruzaba la habitación

y me daba de lleno en la cara.

A mi lado aún dormía ella

desde la calle llegaban los ruidos de un día a medio hacer.

Recordé el revólver

y me pregunté para qué lo querría.

No me gusta cazar, no he matado ni a un pájaro en toda mi vida

mis odios no son tenaces

sin embargo, la vigilia súbita, plegada aún al sueño

me llegaba con una calidez, una sensación de completitud

que me sobrecogió.

En la mesa de luz se apilaban los libros

que entregaban sus historias de a tramos.

Repasé cada carátula sentado en la cama

antes de levantarme y meterme en el baño.

El espejo devolvió el rostro de un hombre de

casi cincuenta años, desnudo, con barba desprolija

demasiados pelos en el cuerpo

ojos aún hinchados, algo excedido de peso

con ilusiones masticadas como chicle

y aliento a perro.

Trago amargo a esta hora del domingo

cuando el cepillo de dientes te reclama el abandono

y la cabeza no logra decirle al cuerpo que otro día

que otro día

mientras, en la mesa de luz,

en el cajoncito, junto a las medias y un viejo reloj

duermen seis balas

para ningún revólver.

***

Barroco

Tantas formas

auscultadas

o entrevistas.

Sombras

desconciertos.

El vacío de la cerradura

suma.

Un ojo para el ojo para el ojo.

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