Alicia Genovese
Publicado por Festival Internacional de Poesía de Córdoba 2 Comentarios
Nacida en Buenos Aires, ha publicado ocho libros de poesía, entre ellos Puentes (2000), Química diurna (2004), La hybris (2007) y Aguas (Del Dock, 2013). Dos libros de ensayo, La doble voz y Leer poesía. Lo leve, lo grave, lo opaco (FCE, 2011). Ha sido traducida al francés y al inglés. Ha dictado seminarios de poesía en la Universidad de Florida y en la de Chile. Entre otras distinciones recibió la Beca Guggenheim.
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Dos poemas de Aguas
Una nadadora cruza las 103 millas
entre Cuba y Cayo Hueso,
sobre el atardecer encendido del mar Caribe;
desde un kajak alejan
a su alrededor los tiburones
con un aparato que emite ondas;
usa unas antiparras que permiten
la visión nocturna y a eso se limita
el despliegue tecnológico.
Cuando hunde la cabeza al nadar sucede
lo que importa: el ser frente al obstáculo elegido
para probar que es.
Se llama Diana Nyad
y ya cruzó
desde Bahamas, batió récords.
Tiene 61 años y no se detiene
más que para beber unos minutos
en el apuro de esa inmensidad.
Cuando nada parece no haber llorado nunca,
cuando nada parece que la melancolía no le hubiese roto
los deseos nunca.
Cuando nada la fuerza
no es sólo atributo
de los dioses.
Pero la marea en contra la obliga a desvíos hirientes
mientras el agua brilla
como una autopista interminable en la lluvia,
como una hoja de filodendro agigantado por la lluvia
y el fracaso ahueca el aire
como un graznido.
Si abandona, la meta permanecerá, invisible
en la mañana después del cansancio,
en la noche anterior de la necesidad;
cuando crece la necesidad no hay sal, ni sed, ni sol
enceguecedor que melle
la voluntad de ir.
Pero ella nada ahora. Es dura, entrenó, bracea,
no se desgastó en lo inútil;
tiene 61 años y toda una vida de nadadora.
***
Thales imaginó la tierra
como un plato flotando
sobre el océano
y dijo que todas las cosas,
agua en su origen,
estaban llenas de dioses.
“Animadas” interpretó luego
la hermeneútica,
pero él lo decía
mientras frotaba
un trozo de ámbar
y briznas de pasto
se le adherían sin explicación;
mientras apoyaba un imán
contra el metal
de una armadura
y la piedra se detenía
como sus ojos atentos;
mientras alcanzaba
la altura de Keops
midiendo en la arena
la sombra proyectada.
Causas, ese más allá,
perseguía Thales,
en su universo
atravesado por ríos
y oscuridad
de dioses enérgicos.
Causas,
cuando el Delta del Nilo
hacía brotar en las mareas
los papiros, el loto,
y el sol de Mileto
caía desarmado
sobre el mar Egeo.
Anaxímenes propuso el aire
y Heráclito el fuego,
pero el agua
fue para Thales el principio,
la omnipresencia ordenadora.
Un ojo de agua
se abría en todas
y en cada una de las cosas
hasta volverlas físicas
y maleables.
Ningún filósofo aún
había separado el agua
de la idea del agua,
ni existían
mundos paralelos,
ni especulaciones
que el agua
no pudiese atravesar.


me encantaría asistir a su clínica de poesía. Cómo debo hacer? Aún hay tiempo de inscirbirse?gracias por la información
Hola Amanda, por favor comunicate con quien coordina el taller, Alejandra Baldovin: [email protected]. Un abrazo.