Leonor Mauvecin
Publicado por Festival Internacional de Poesía de Córdoba 0 ComentarioNacida en Córdoba (1950), es Lic. en Letras (UNC). Ha publicado La casa del aire (1996), La huella de la tarde (1998), La piel de la serpiente (2000), La caja de madera (2005), La casa del amor y de la muerte (2008) y El libro de Elena (2011). Sus libros recibieron el Fondo Municipal en 1998, 2000, 2005 y menciones en el Premio Provincia de Córdoba 1996, Luis de Tejeda 2006 y Fundación Argentina para la Poesía 2007.
Los últimos comediantes
Aquí estamos
entre todos los últimos comediantes.
Entre los socavones del amanecer.
Entre los manifestantes con banderines de plomo.
Entre las innumerables mentiras.
Entre los ingenuos culpables y los malvados.
Entre los que emigran dejándonos una cicatriz de aborto.
Entre los sórdidos mendigos con sus mendrugos agusanados.
Entre los locos .
Entre los insaciables que consumen la última hamburguesa
y juegan al polo con caballos de palo y escopetas.
Entre los que devoran bibliotecas con la única finalidad
de sí mismos.
Entre los que miden el último gen del genoma humano
para saber que somos sólo el doble que una lombriz
y menos que un insecto.
Entre los que buscan el primer contacto con el mono
en el mítico eslabón de la historia.
Entre los que deambulan con los pelos rojos
y el rock and roll en sus orgasmos.
Entre los que gritan con Charly
sueñan con Fito o comen langostas aladas
en los recitales nocturnos de los Redondos.
Entre los que miden el compás de un tango abovedado
y huelen la nostalgia de una calle desierta.
Entre los que no saben volar o no pueden
y usan polvo blanco o jeringas para vivir una vida prestada.
Entre los que ven la muerte.
Entre los que ven la muerte en pantalla chica
y se creen a salvo.
Entre los que viven la vida como una película del Far West
hartos de pochoclo y coca cola y se pegan a la imagen
dejando sus máscaras en las ondas del aire.
Entre los que hablan y leen un lenguaje universal
y buscan la metáfora.
Entre los que hacen dedo en las autopistas
y pagan el módico peaje de la intemperie.
Entre los que aman.
Entre los que venden un cielo de cartón
con un rey de bastos dispuesto a golpearnos en las dos mejillas.
Entre los que caminan kilómetros para escuchar
al famélico maestro con su magro librito bajo el brazo.
Entre los que descubrieron la ternura.
Entre los que descubrieron la ternura
y golpean las puertas.
Entre los que golpean las puertas buscando la salida
hasta que la sangre florezca en las manos.
***
Desmesura
Tocamos apenas a la puerta de la soledad
con nuestras manos delgadas
y cruzamos el umbral de la casa vacía.
Conjurados
comimos la mariposa viva
con la tarde palpitando entre sus alas.
Y en el oído
el rumor del viento entreteje arañas
y la hierba salvaje y olorosa
crece
en un rincón del jardín
abierto
en desmesura.

