Jacobo Regen
Publicado por Festival Internacional de Poesía de Córdoba 2 Comentarios
Nació en 1935 en Salta, donde reside. Trabajó como periodista y corrector de pruebas en Tucumán, Córdoba, Buenos Aires y Salta. Al margen de algunos textos en prosa y verso (cuentos, semblanzas y distracciones humorísticas), publicó las obras poéticas Seis poemas (Córdoba, 1962); Canción del ángel (Tucumán, 1964; Premio Ricardo Jaimes Freyre); Umbroso mundo (Buenos Aires, 1971); El vendedor de tierra (Salta, 1981; primer premio, Dirección de Cultura de Salta); Poemas reunidos (Salta, 1992); Antología poética (Fondo Nacional de las Artes, 1996). La reciente reedición de Umbroso mundo incluye todos sus libros y varios poemas inéditos. Además, incorpora Musicalia, cinco poemas musicalizados por Gustavo Leguizamón, José Juan Botelli, Gerardo Núñez y Juan Botelli.
Foto: Argamonte.
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Poesía
a Inés Higa
Sin decírselo a nadie
seguiré despidiéndome.
Borrados los caminos,
sólo a la infancia
que me sobrevive
regreso alguna vez.
Y me quedo
de espaldas en la hierba
contemplando las luces absortas
que cantan para mí.
(El lamparón de Venus
pulido por el aire,
la Cruz del Sur caída en mi costado.)
Pero eso fue.
Ya ciego,
porque no quise ver,
soy tu mendigo.
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Preludio
Empieza la función.
Lo muerto en su lugar. Lo vivo, muerto.
Y todo este desierto
ya para siempre a mi disposición.
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Margalit
Me ganaste la apuesta,
Margalit.
Y junto a la nostalgia
siento la angustia de perderlo todo
como si el muerto fuera yo.
Conmigo estás.
El alba
se derrumba en mis ojos
y socava la tierra que nos une.
Bajo la misma sombra nos veremos.
Y no habrá más apuestas,
Margalit.
(25 / VII / 2002.)
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Intemperie
a Santiago Sylvester
Intemperie final o lumbre pródiga,
sólo en tu templo quiero descalzarme
y esparcir las cenizas de este vaso
donde no bebo yo ni bebe nadie.
Haz que el silencio mío, ya de piedra,
recuerde sus oscuros lagrimales
y llore con la música que antaño
se desnudaba, trémula, en un ángel.
Deja que la simiente paridora
de agostados y tímidos cantares
se atreva con la luz estremecida
por las últimas ráfagas de sangre
y con la vida y con la muerte puestas
sea merecedor de tu hospedaje.


Palabras que llegan al alma y se manifiesta con una lagrima de placer
Entre mis manos yo te tomo vida mía,
no pudiendo en mis puños apresarte,
porque no,cabes en las sombras de los días,
pues nace el sol hasta hasta acostarse.
Entre mis manos yo te tomo vida mía,
para abrir entonces la palma y entregarte
al único sitio, donde permanece igual que antes,
fuente de luz , tu esencia constante.