Carlos Surghi
Publicado por Festival Internacional de Poesía de Córdoba 0 ComentarioNació en 1979. Ha publicado Mujeres enamoradas (2006), Regalo de bodas (2007), Villa Olímpica (2013) y los libros de ensayo Abisinia Exibar (tres ensayos sobre Néstor Perlongher) (2009), Los nombres del fantasma (2010), Batallas secretas (ensayos sobre la ausencia de la literatura) y La experiencia imposible (Blanchot y la obra literaria) (2012). Formó parte de la revista de literatura El banquete.
Imagen: Hendrick Avercamp, Winterlandschap met ijsvermaak.
Rutas argentinas
Al otro lado de la tecnología
en los envíos cristalinos de los mensajes de texto
me nombraste caballero del mar
pero en las rutas argentinas
en las estaciones de servicio de la noche
en los baños donde mojaba mi cara
para no perder el rumbo
tras esa mala maniobra
que siempre espera en la línea recta
dejando atrás Garayalde
el desvío a
las bahías azules
los restos fósiles
la blanca ballena
donde espera el seguro infierno
sólo el iniciado en la experiencia
puede atravesar desiertos encendidos
y ver insectos gigantes
revoloteando tras la luz de un deseo
que recorre la oscuridad de toda señal aislada
por un ir y venir ensordecedor
de alas, mariposas
inspiraciones profundas sobre
los párpados cansados del conductor que nos encandila
con los diamantes que cortan los hilos de la niebla
¿y qué canto de sirenas
qué sinfonías mecánicas
o notas reiteradas en su indiferencia
persisten sobre la resonancia del asfalto
cuando sin misión alguna
más que el pulso o la muñeca firme
nos acompañan a entrar
a toda velocidad
en la inmovilidad de la noche?
a miles de kilómetros
donde también
la orientación de las estrellas se cierra,
una rama acaricia el borde acanalado de un espejo
un cristal se humedece con el rocío del verano
mientras la voz amiga y desconocida
de la frecuencia de amplitud modulada
se pierde llevando de aquí para allá
mensajes que interesan sólo a los fantasmas
y alguien espera en las encrucijadas de un camino
veinte muchachitos correntinos con sus tijeras afiladas,
el repuesto que descansa en las estanterías movedizas
y arrancará de su letargo, una vieja F-100, modelo 59
¡ha dear dirty Dublín!
pero no estamos solos al leer
esos guiones amarillos de un secreto encendido
el cual no cuenta con la tranquilidad de un remitente
esa pura atención de los sonámbulos
aunque la velocidad nos aísla
de cualquier suspensión temporal del sentido
y pone en peligro
la juventud, el mal de sí
aquello que se oculta en la falla, el desperfecto
la pieza insignificante del desgaste
carcomida por la oscuridad
de ignoradas combustiones fabulosas
algo me dice que ahí estaré
cuando todo acabe y se abra a otro ritmo,
volcado como un saco de tierra
una carga que no llegó a destino
o las frías orejas de las liebres del camino
sobre los comandos de la muerte
que destellan luces rojas y amarillas
al compás del indicador de puertas mal cerradas
y una canción favorita
sonando en el reproductor
-así es el gran golpe de la suerte…
he visto la monotonía en verde claro
aquella falsa esperanza que idiotiza a los turistas,
las vidas de pueblo que también tuve
y el final de una delgada línea hacia la nada
que me alentaría a no torcer el rumbo del desastre
ahí están, entonces, los restos de nadie,
embalsamados por el viento de la tarde
para que el pasado inservible e intacto
no se descomponga ante el azul del cielo
¿fue al atender el oráculo de los surtidores
-cuando caía el número de la fortuna
determinando el alcance del impulso final-
que presté atención al precio de ese instante
donde nada se definía, salvo la incineración inútil
de que todo en la mente se detenga ante el poema?
recuerdo las extremidades entumecidas
los paradores olvidados por la estrella de la suerte
y unos pasos perdidos, al costado de la cinta asfáltica
dividiendo en dos el corazón de un pueblo de fantasmas
ocultos en los baños de un galpón abandonado
donde leí, como si se tratara de un regreso imposible,
“Estancia San Gregorio. Fundada en 1876”
pero nada en esta soledad nos pertenece
más que aquello que no fue y creemos aún cierto
yo no descendí al desenfreno de la soltería
a las caderas dominicanas bailando en las casitas
a los ritmos tropicales que destejen las horas
o al humo que celebra el calor de las parrillas,
no cacé animales, no le disparé a un hombre
no contesté los primeros golpes del enemigo,
y jamás, conduje más allá del límite encendido por la noche
sin embargo, esperé bajo tormentas de nieve
-que durarían toda una vida-
el auxilio mecánico de dos lucecitas a lo lejos…
ahora, llevo en mi bolsa de campaña
la muerte de Ivan Ilich
las noches blancas
un héroe de nuestro tiempo,
Tolstoi, Dostoievski y Lérmontov
son mis contemporáneos,
si los desperfectos me ganan
si la temperatura se eleva por encima de lo normal
o si desciende hasta exterminar las primeras formas de vida
y debemos aguardar
otro millón de años de belleza congelada,
podré leer toda la tarde
esperar que el sol se oculte en las estepas
y sobornar los últimos restos diurnos
de la soledad que aún no he encendido
ah pequeña Nausícaa, a quien la ciudad le repite su secreto
para que me nombre lo que no soy ni jamás seré…
ya no me confundas con un dios
apenas si soy
un caballero del desierto
un sindicalista de la noche.
____________________________________________________

