Ignacio Tamagno
Publicado por Festival Internacional de Poesía de Córdoba 0 Comentario
Nació en Villa María, Córdoba, en 1989. Actor, escritor y gestor cultural. Integrante de El Cuenco Teatro. Estudió en la UNC, y de forma privada junto a Roberto Videla, Rodrigo Cuesta y Marcelo Mininno, entre otros. Reconoce a Roberto Videla y Federico Falco como sus maestros literarios. Aunque siendo estricto, es autodidacta. Actualmente le da vueltas a su primer libro, Enredadera, mientras representa Como la boca de un muerto, obra de su autoría.
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Dice Ignacio:
Poesía y teatro
No se la lleva. Tampoco se la compra. Ni don ni propiedad, la poesía es una manera. Manera de ver, de entender el mundo. De percibirlo. Las cosas, y entre las cosas, las palabras. No hay un qué poético. Lo que hay es un cómo. Todo es poesía. O mejor: todo puede serlo. Depende de cómo se lo mire. Entre mi abuela y las bombachas de mi novia, hay una gran distancia. Y sin embargo, yo las miro, y depende del día, o veo a mi abuela, o veo las bombachas de mi novia, y veo solo eso, o veo eso y algo más. La poesía se ve. Y en menor medida, se huele, se toca. Y en menor medida aún, se saborea. Doy por sentado que mi vieja hace unos tallarines que, cuando me los llevo a la boca, son un poema. Y es un poema verla cocinar, enojada porque cocinar no le gusta y en sus dedos se mezclan años de opresión, de disgusto, de rebaje. Y en sus ojos la revolución late. Y late en mis hermanas, que se tiran de los pelos. Y en mi sobrina, que se parte la frente aprendiendo a caminar. Late en todos mis hermanos muertos. Y en los vivos. Y en todos los muertos y en todos los vivos. Entonces, la poesía es un encuadre particular. Esa lente que nos ponemos para mirar al mundo así, y no asá. Lo primero que pasa cuando nos ponemos ese lente, es que todo se vuelve inútil. Esto es así porque el tiempo se para, se frena. Condición poética: el tiempo se toma recreo. Todo pierde sentido. Sentido ordinario. Común y corriente. Cotidiano. La belleza es ese contrasentido. Y la belleza es el aporte de la poesía. Y la poesía es el mundo dado vuelta. Impráctica, inútil y paradójica, porque es una esterilidad muy fértil, la poesía es más allá del poema. De las palabras. De hecho, para mí, lo menos poético son las palabras. Lo poético es lo que está en esas palabras, la mirada que esas palabras transmiten. Las palabras son un material de uso. Un vehículo. Uno entre tantos otros. También están los cuerpos. Y ahí surge el teatro. Entonces se trata de lo mismo.

