Marcelo Dughetti

Publicado por Festival Internacional de Poesía de Córdoba 0 Comentario

(Villa María, 1970) Es maestro de primaria y técnico en comunicación social. Ha publicado los libros de poesía La joroba de bronce (Imago Mundi, 2003), Donde cayó esta muerta (Narvaja Editores, Premio Provincial de Letras, 2003), El monte de los árboles sogueros (Recovecos, 2007), Los caballos de Isabel (Recovecos, 2009), Hospital (Cartografías, 2011), Sioux (Pan Comido, 2013), Fui a cuidar los árboles (Llanto de Mudo, 2014) y Babuinos (Dínamo Editorial, 2014). Realizó las antologías Voces de este río (EDUVIM) y Palabra sobre palabra (reseñas escritas en el diario de San Francisco “Me contó el viejo Antonio”, del colectivo y biblioteca popular Somos Viento).

* * *

i

No entendemos a la montaña porque somos niños
y los niños no entendemos de grandes moles quietas
perseguimos insectos
escribimos poesía
cambiamos del rojo al azul y otra vez al rojo
de acuerdo al golpe
nuestro cuerpo en vigilia
por eso no podemos saber nada de la fe
y menos aún que esa palabra mueva gigantes
perseguimos insectos
escribimos poesía
perseguimos insectos que escriben poesía
nos agrada arrancar las patas de las langostas
porque son las que saltan alto
y llevan en su vientre la carne envenenada
cazamos ranas que cantan cual si hubiera un coro
nuestra poesía es dura
termina en la interminable palabra “dios”
en el nervio secreto de la langosta
electrificada por la palabra dios
saltando lo que una montaña del amor crece

quien diría que las piedras que arrojamos al río
aun reflejan ondas en el aceite del agua.

* * *

ii

Alguien que acaricie tu joroba
y respire en tus pulmones el perfume del viento
alguien que te bese y artille tu legua al primer contacto
alguien que sume a la paz de los domingos la redención del sexo
alguien que pueda comer cualquier cosa
lo que alcance a comer un devaluado
alguien que te recuerde la lista del supermercado
y diga amor
cuidado amor
cuando la repositora de congelados te deje frío
alguien que valga todo el corazón que vas a poner
alguien que fabrique un sueño y te haga creer en la mitad
un porcentaje justo para un hombre de 40 años
alguien que no escriba
ni hoy ni mañana, que no escriba
pero que lea
y te abra “El mandarín” justo en las “Memorias de una horca”
y al término del relato, la maravilla esté intacta
porque ella también ha llorado
alguien que quiera conocer los tranvías de Lisboa
el puerto y todos esos vinos que en el fado pruebe
alguien que asuma el cielo y la muerte del cielo
con la ternura de un inválido
alguien que con su voz despierte el día de la mañana absoluta
la luz benigna de todo lo que nace
y muere
creyendo haber vivido.

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