Reynaldo Jiménez
Publicado por Festival Internacional de Poesía de Córdoba 0 Comentario(Lima, 1959) Vive en Buenos Aires desde 1963. Publicaciones más recientes: Musgo (2001), Reflexión esponja (2001), Papeles insumisos de Néstor Perlongher (con Adrián Cangi, 2004), El libro de unos sonidos. 37 poetas peruanos (2ª ed. 2005), Sangrado (2006), La curva del eco (2ª ed. 2008), Plexo (2009), La indefensión (2ª ed. 2010), Esteparia (2012), El cóncavo. Imágenes irreductibles y superrealismos sudamericanos (2012), El ignaro triunfo de la razón (antología de Gastón Fernández Carrera, 2013, por Lumme de San Pablo) e Informe (2014). Junto a la pintora Gabriela Giusti y durante quince años condujo tsé-tsé (revista-libro, sello editorial). Suele publicar ensayos aurales (grabó dos discos junto a Fernando Aldao), visuales y poéticos en Internet. Ha traducido a Haroldo de Campos, Josely Vianna Baptista, Paulo Leminski y Arnaldo Antunes. Foto: Fernando Aldao.
* * *
Tres años y medio en el jardín
El palomo hembra habrá quedado sin su pareja.
Anida aún inexorable en el palto que se seca.
Mientras escribo observa esta sombra y su sigilo.
El benteveo gentil pero distante. El otro cerco.
Los colibríes son varios, aunque por tiempo
creímos que era uno cada verano, que regresaba.
Una vez quedó él en su desmayo contra el vidrio,
lo creímos muerto pero vivió, revivía ante lo perplejo
en la mano. Cuando abrió los ojos, se alejó volando
como si nada, ni pasado, hubiera pasado.
Nunca había tenido un colibrí
en la mano. No había peso ni sopesar. Sólo néctar
emplumado. El oro del pecho, en contraste tribal,
esmeralda saliendo vía onda corta del sonido raro.
Hoy, mientras regaba, estuvo tan cerca que lo creí
reconocer. Incandescente se despide en breve arcoiris,
tanto del sol como del agua. Luego la hembra llegó,
los ojos delineados. Quise acercarme, se fue.
El picaflor ante el peligro se suspende, y pensé
en los que vencen a la muerte.
El resplandor traspasa las reposeras. Las agujerea.
Estoy de pie mientras escribo
acerca de un charco cálido y fresco como la misma
antigüedad de estar presente y ya saberlo,
por un momento, siempre nunca jamás.
Pluma incrustada entre las briznas,
haces de pasto. El sol de febrero a las siete
de la tarde. Los álamos brisan.
Ni una nube que salga de la boca.
Suena una fuente que no distingo.
El pájaro rojo en los penachos.
Las últimas flores del mundo.
Calandria en lo alto.
Loros fugaces puntas del ciprés.
* * *
Conectar con néctar
Letras destrozadas, rostros
de restos de corales, breves
esqueletos del plancton, cuya
salina solución no devuelve
sino el espejo cuajado, a una
distancia. Serranía al mar
que se explaya y distiende,
se deja roer como los ojos
de quien mire y no supiese
atisbar qué ya lo resuelve
a esa distancia. Algo que ya
no mida sin más consuelo
de esa otra risa efímera,
anterior: pueril destello,
embargo mortífero tal
tántalo tan mortal.
Pero tu distancia nada
interrumpe, se acrecienta
por recorrida, la escurridiza
figuración tras las orillas.
Restos de un naufragio,
evidencia: no es ya posible
interminable asomarse
a la evasión que se asusta
de lejos con sus reflejos.
No se te concibe otro lugar,
rumor oceánico escuchando
a quien atienda.
Sobrepiel de nubes. Algunas
parecen retornar. Otras se quedan
un instante en vilo. Otras
se suceden como inconclusas
páginas del perecimiento.
Escribo por eso sin pensar
en lo que digo, dicto
a un sonámbulo cuya mano
adicta al vaivén
de su articulación, sueño,
impenetrable de causa
acusándose a la escucha
por llegar.
A través de este filtro
de membrana fósil, creo
entender, o lo invento, ese
rumor sustancioso
a un mismo y solo tiempo
y es temblar. Si la agonía
niña se reflejara el furtivo
futuro bajo esta lámpara
sin más pantalla desnudez,
¿iría más allá del esqueleto
inquieto? Radiante as
de la muerte por reojo.
Cuando la entrelazada
lumbre tu memoria encuentre
de pronto despavorida esa
manada que surge tu pleamar,
arrojado a furias singulares,
con regusto a mono aterrado,
brillo de lesa contundencia
que te arrastra, diríase
rapto capilar de los sucesos,
alega oh la desproporción
tu cultivada pesadilla, ola:
llévala al suspiro aparecer
al traspaseo, háblale lesa
lengua cortada, abusa
tu pátina en pos de siglos
de cansancio de cuchilla
de ceremonias a la luz,
arranca de ti misma.

