Sergio Raimondi

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Sergio Raimondi

(Bahía Blanca, 1968) Poeta, ensayista y docente. Publicó Poesía civil (primera edición, VOX, 2001; segunda edición, 17grises, 2010), también editado en Berlín en 2005 (versión bilingüe) y en Cáceres, España, 2012. Formó parte del grupo Poetas Mateístas, tradujo a Catulo (Catulito, Vox, 1999) y fragmentos de Paterson de W. C. Williams. Su obra ha sido publicada en numerosas antologías nacionales e internacionales. En 2007 recibió la beca Guggenheim por su proyecto Para un diccionario crítico de la lengua, del que apareció un adelanto en Alemania (Berenberg, 2012). Ha escrito sobre Sarmiento, Alberdi, Martínez Estrada, Urondo y Lamborghini entre otros. Desde 2002 es profesor de Literatura Contemporánea en la Universidad Nacional del Sur. Entre 2003 y 2011 fue director del Museo del Puerto de Ingeniero White, institución pública y comunitaria abocada al pasado y al presente de los trabajadores de esa localidad. Fue secretario de Cultura de Bahía Blanca entre 2011 y 2014.

* * *

Keynes

El incendio de sacas de algodón en alta estiba,

la matanza por millares de lechones intocados,

el sueño frío del minero contra la pila de carbón

deben haber estado en la base de sus ideas

sobre la relación entre inversiones y demanda,

pleno empleo, mayor consumo y regularización

porque en cada una de esas imágenes críticas

lo que distinguía era la crisis efectiva de una idea

o, mejor, las fallas clásicas de su constitución.

Eso no era una hilandería quebrada más. Eso

era una idea que había dejado de ser efectiva.

Eso era una concepción equívoca del ahorro.

Un obrero desesperado también era el fracaso

de una idea. Pero además era la ocasión propicia

para que ese mismo obrero tuviera alguna otra.

Una revuelta teórica que desarmase una revuelta

práctica estaba en la urgencia de pensar la fórmula

Y = C + I, Ingreso Nacional = Consumo + Inversión.

Finalmente el Estado, que también es una idea,

expandió funciones. Se inició el período de ensueño

de cambiar el sistema sin cambiarlo totalmente

es decir, sin alcanzar ese otro Estado presente

que adolecía de la libertad individual; esto es:

que adolecía de lo que suele ser solo otra idea.

Pero el sindicato en todo sentido de la Ford

se sentó a la mesa para negociar desde entonces

la idea moderada de moderar las ganancias

con la convicción de que un empresario atento

al interés general es un engendro de la naturaleza.

De última esa fue la obra pública fundamental.

(De Para un diccionario crítico de la lengua, inédito.)

* * *

Para hacer una torta sin leche

La cocción tendrá que ver con el tipo de horno,

como todo: se recomienda un fuego mínimo, lento

de entre cuarenta y cuarenta y cinco minutos,

pero cada cocina, como cada molde, es particular

y es inútil establecer una medida exacta para todos.

Yo digo: una taza de té con leche de aceite de maíz

(no mezcla), una y media (casi dos) de azúcar, bol

y batir, batir: ladeado el recipiente y paleta el brazo

o la máquina en su punto máximo. Ah, dos huevos

además, y bien batido todo hasta espesar la mezcla.

Entonces se agregan dos tazas de agua hirviendo.

Se levantará una espuma. Se deja reposar un rato.

Mientras, se mezclan aparte tres tazas de harina

(pasada antes por el cernidor) con una cucharada

de Royal y otra de bicarbonato (puede ser menos,

más, se ve). Sumar todo y batir. Muy suavemente:

hay que lograr que la masa pierda consistencia.

El resto se sabe: enmantecar el molde, enharinarlo

y horno. Titi Trujillo le echa un chorrito de vino

oporto. Titina Lancioni a veces licor de café o esencia

de vainilla. Otros le ponen trozos de manzana,

pasas de uva, chocolate o ciruela. Eso va en gustos,

en las ganas de inventar, en lo que se tenga a mano.

(De Poesía civil.)

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