Martín Maigua
Publicado por Festival Internacional de Poesía de Córdoba 0 Comentario
(Salta, 1978). Publicó Giro (2008, CD, ed. de autor), El mundo no es más que eso (Nudista, 2010) y bajo el seudónimo de Miguel Sokolic, Nada es mío (2008, Kos-cai). Codirige la Editorial Nudista.
* * *
Giro
giro media vuelta la llave
arranca el motor enciendo las luces
es probable que tenga que cargar nafta
prendo el mp3 pongo primera y salgo de casa
la noche está buena para que después de cenar
nos quedemos en tu patio tomando una cerveza
vos me esperas con fajitas yo llevo el vino
pero compramos unas Coronas que pusiste en el freezer
y después me diste un beso
son para tomarlas juntos dijiste
esta noche puede ser
todo bien con la comida mejicana
los tacos las quesadillas el tabasco lo picante me gusta
pero sólo al punto que arda adentro antes de perder sabor
llego a la salida del barrio giro a la derecha
entro a la estación de servicio lleno el tanque de súper
y antes que el empleado me devuelva la llave pienso en vos
en eso que me contaste que te acostarías con otra mujer
y está bueno que me lo digas
para conocerte
no tengo otra inquietud que esa
pero no sé si en verdad interesa
o si ya lo hiciste alguna vez
quizás en una de las fiestas de cuando tomabas merca y cosas así
entonces puede ser que me estés preparando
porque con vos nunca se sabe
el empleado me dice que mañana va a salir el sol
yo le digo que ésta
va a ser una noche de gran luna
y que eso es lo bueno
le pago
y arranco otra vez
tu casa no queda lejos de donde quiero ir
pero me llama la atención los pocos autos en la ruta
y si no fuera por los focos de los postes
la luna pegaría en el camino a lo largo del viaje
y yo quisiera contemplar eso
aunque tenga que desviarme y alejarme de vos y
quién sabe adónde llegue
pero esa adrenalina
tiene en mí
un gusto que pica en lo justo
vos estás esperándome
pero no sé si querés verme hoy
y creería
que vos tampoco lo sabés
* * *
Volvíamos del Sanatorio
Las horas de espera habían terminado.
Teníamos que tramitar lo necesario en el Registro Civil
y avisarles a todos que nuestro hijo
no pudo resistir la enfermedad.
Caminábamos en silencio hasta el auto
y en un momento antes de llegar
nos hincó el grito seco
de una mujer por detrás de nosotros
pero ya era tarde:
un hombre se perdía por la esquina
con el bolso negro
a toda prisa en una moto.
No supimos qué hacer.
Fue uno de esos días
en los que nada nos pertenece.

