Claudia Santanera
Publicado por Festival Internacional de Poesía de Córdoba 0 Comentario
Licenciada en Letras (UNC), escribe poesía, hace videos y desarrolla proyectos curatoriales de manera independiente. Trabajó en la promoción del libro y la lectura en escuelas y bibliotecas. Ha publicado los libros de poesía Tartaruga (Alción, 2004) y Cuatro visitas (Vox, 2008). Sus poemas In illo tempore integran la antología Identidad. De las huellas a la palabra (EUDEBA, 1997) - Primer concurso literario de Abuelas de Plaza de Mayo. Ha participado en el Videofest 2012 en el MUMU y en 2014 presentó el compilado de videos Lullaby en El gran vidrio. En el marco del Festival de Poesía de Córdoba 2015, presenta la muestra Una medida para pesar el mundo, obras de video y poesía.
* * *
El pescador (tríptico)
1
La pequeña imagen ya no trae
días de oro
con árboles radiantes
tras lo que conseguimos
se abre una mano
y nos detiene
nos recuerda que aquellas horas han perdido todo su sentido
que cuando mueren los padres de los hijos
sólo tendrán vida a través de ese círculo de luz
que los proyecta
ahora la felicidad
en esa palma abierta se dibuja
ante nosotros y por última vez
luego volverá a su forma
unas líneas de rabia que no he dejado de mirar
desde que me dijiste
que algo se escribía en ellas
si supieras que hoy me iba a despertar a las seis de la mañana
con esta cercanía
de ahí nuestras batallas
y ese instante en que uno se vuelve un héroe
o un cobarde
si total
ya nada de lo sucedido nos importa
si te pedí que siguieras estas líneas y seguiste tu propio camino
sentado en una torrecita de arena
o de guirnaldas
rodeado por nuestras voces
te preparas para dejarte caer
para dejarte llevar por la simplicidad del caso
hay tiempo suficiente para cortarse las uñas
y afeitarse
esperar el silencio que sobreviene al ahogo
a la mezcla de fluidos fuera de su cauce
sólo nos queda mirar fijamente ese espejismo de sol
quedar ciegos frente al agua
mientras el pescador saca del bolsillo otra carnada
arroja la línea
para pescar un pez de plata
todavía ágil y fresco
el pez más fuerte del lago
podemos ver cómo se agita
cómo pelea
se escapa de sus manos
para volver a la paciencia del agua y las estrellas
esta tarde le voy a cortar las uñas de las manos
y lo voy a ayudar a afeitarse
yo también me voy a cortar la uñas y no me las voy a pintar
porque quiero ponerlas al lado de las suyas
quiero comparar el color y la forma de las suyas con las mías.
2
El presente del agua me sostiene
mi cuerpo gira sobre esta nube indolora
que me mantiene a flote
nada mejor que el mareo
para aquietar el afuera
deambular en este tanque de azulejos
hacia arriba puedo ver el pecho de los pájaros
sus alas abiertas por completo
más oscuras
figuritas perfectas contra el fondo celeste
necesarias a mi vista
puntos móviles que guían este navegar sin velas
flechas lanzadas por el brazo invisible de un arquero
difícilmente perdidas
me observan sin detenerse
adueñadas de la seguridad del aire
y la ruta de la bandada.
3
No veo el fondo y eso me da miedo
ese recuerdo de las cosas perdidas allá abajo
enterradas lentamente por el movimiento del agua
el verde de la superficie
delgado y transparente como un vidrio
es el primer sedimento de otros más profundos
al alcance de la mano se agitan las algas fluorescentes
para adornar el agua de una manera artificial
hacia la mitad del remo
se concentran los pardos que ya no dejan pasar la luz
el barro no puede permanecer en el lecho de este lago
insiste en ascender
como si quisiera decirnos algo
revuelto y paciente en oraciones
brillan las partículas de arena
y las dos banderitas pintadas en la parte más ancha del remo
rojo, celeste y blanco
al mismo tiempo salen y se hunden en el agua
me salpican
papá remaba con fuerza lago adentro
él iba tras los peces
yo lo acompañaba
nos deteníamos y anclaba junto a otros pescadores
que habían encontrado el pique
yo tenía que hacer silencio para no asustar los peces
no voy a hablar como cuando era una niña
pero hay un tumulto allí
en esa profunda noche sumergida
la calma
me trae de nuevo
hasta el sueño del naufragio
* * *
Augustus
Hasta aquí llegamos
ahora
podremos descansar después de tanto esfuerzo
oír el paso de esa barca silenciosa
como si nunca nos hubiéramos alejado de la orilla
aún reconocer el golpe regular del agua en la madera
al dar un nuevo nombre a cada pasajero.
Nos despierta de un sueño su navegar a media noche
el doble recuerdo de esos viajes
sin ropa
ni zapatos
con el pecho lleno de espuma blanca.
Ya no hay objetos donde podamos reflejarnos
sólo la superficie oscura de este río que nunca se detiene.
Nuestras madres nos arrojan
pequeñas piedras planas desde la costa opuesta
rebotan en el agua varias veces antes de sumergirse definitivamente
y llevarse nuestra imagen grabada en ellas.
