Daniel Quintero
Publicado por Festival Internacional de Poesía de Córdoba 0 ComentarioDaniel Quintero
(Buenos Aires, 1959) Entre 1987 y 1994 vivió en Tierra del Fuego. Ha publicado, entre otros, Malhoja, Inusual, Crónicas fatales escritas desde la Luna, Cementerio de payasos y Del dolor de los espejos. [Festival de Poesía de Córdoba 2016]
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Me encojo en mi guarida; me atrinchero en mis precarios bienes. Yo, que aspiraba a ser arrebatada en plena juventud por un huracán de fuego antes de convertirme en un bostezo en la boca del tiempo, me resisto a morir. Olga Orozco
Desgarra con su blancura este papel, mármol de un solo bloque rezará su frase con mi nombre, seremos dos en esa tumba, disconforme y prestada. Clavados en la tierra.
No tengo nadie que me sepulte la muerte morirá conmigo.
(De Pruebas de galera, inédito, 2015.)
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Mitológica La mujer no nació de una costilla, ni del olvido, ni de una luz en ausencia. La mujer fue la originalidad de la tierra, esa obra anticipada al tiempo, creación triangular de su propia certidumbre, ella formó de su útero inconmensurable la fantástica circunferencia de todos los verbos por venir.
Fue cadencia de sus harinas expuestas, caos de pan que en definitiva comenzó con el mundo; la mujer no, la mujer no nació de una costilla, nunca fue diosa del olvido, despertó un día y resultó pulcramente angelical con diagnóstico de debilidad, pero la mujer no no fue débil hueso de nadie, fue el pacto que le dio al universo naturaleza de creación, forma lúdica, manía jerarquizada de su angustia azul, azar su caricia de pez entra las arenas. La mujer no, la mujer no fue hueso ni nada, fue el anticipo de la raza toda ella en dos que se hizo hombre por propia ternura y sacrificio.
La mujer no nació de una costilla, sufrió la trampa de Constantino manipulando mitos para seducir fieles a su imperio con el solo propósito de recaudar impuestos, tan impuesto que hasta María fue virgen.
(De Malhoja, 2015.)
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Complementario
Puesto en pasión con la euforia o el arrepentimiento de haber amado o matado;
que el mismo rigor alcance para un beso o una bala.
Morir de orgasmo o de gangrena de cirrosis o de olvido.
Morir de un tiro en la frente o una lágrima en el pecho.
Despertar en un fondo húmedo de los dos y confundir sábana con mortaja, sangre con ternura.
Voy a la guerra como voy al amor con las mismas ganas de romperlo todo.
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