Rocío González López
Publicado por Festival Internacional de Poesía de Córdoba 0 ComentarioRocío González López
(Juchitán, Oaxaca, México, 1962) Doctora en Letras (UNAM) con posdoctorado en literatura zapoteca (CIESAS), profesora investigadora en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Poeta y ensayista, algunos de sus libros de poesía son Las ocho casas (UABJO, 1998, y Praxis, 2001; premio “Benemérito de América” 2006); Pasiones tristes (SCO, 2004); Azar que danza (Aldus, 2006); y Lunacero (premio “Enriqueta Ochoa”, 2008), seguido de Como si fuera la primera vez (Ediciones sin Nombre, 2006, publicado en francés con el título Luneverses, por Écrits des Forges y Le Temps des Cérises, 2002). También ha publicado el ensayo El lenguaje como resistencia (Praxis, 2008), León panza arriba (poema para niños, IEEPO, Col. Voces del fondo, serie “La luna en pozo”, 2010) y Neurología 211 (Trilce, 2013). [Festival de Poesía de Córdoba 2016]
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Una oquedad ahora donde estabas me permite sentir actividad en mi cerebro, rechinidos, acomodos, corrientes ¿oigo? ¿intuyo? ¿percibo?, crick, crack, rrrrrrrrr, pssssssss, llllllllllll, gatitos que buscan axilas en la noche fría.
Cientos de sílabas rituales tienen rostro, timbres distintos, bailan cerca de mí, se
escinden; a intervalos construyen mi guarida en el 211, las risas se encaraman sobre ti,
te ignoran, en las noches armo papalotes con Leteo.
Gatitos que saltan y arañan despertares.
Encapsulo luciérnagas que ocuparán tu espacio
* * *
Tengo una cámara fría con paredes de hielo,
si te llevo, podría congelarte, hacerte finos cortes
que me hablaran de ti, de dónde vienes,
en qué estertor de mi memoria te fundaste.
Todo se congela en esa habitación,
en medio del calor, es un oasis;
antes de hacerse sólida, el agua en la garganta
es una redención y un hormigueo. Meto la mano en ella
y se pone morada, las gotas que salpican se ríen de mí.
Todo esto pasa mientras abren mi cráneo,
el frío del bisturí es el mismo de aquellas tardes,
sumerjo todo el cuerpo en ese recipiente de aluminio
rectangular y quepo exacta, como es exacto el corte
que empieza a separarte del cerebro. Yo juego
a las escondidas, oigo que gritan mi nombre,
me hago pequeña, no respiro, no quiero que me encuentren.
La operación es lenta y se ha trazado un mapa,
es vital que te extirpen completo, que no te hayas
convertido en rizoma, que no crezcas,
que yo tenga ocho años para seguir jugando.
A punto de volverme un bloque de hielo,
salgo de mi escondite
sé que he ganado el juego:
¡uno, dos, tres por mí y por todos mis amigos!
(De Neurología 211.)

