Gonzalo Hermo

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Gonzalo Hermo

Gonzalo Hermo

(Taragoña, Rianxo, Galicia, 1987) Licenciado en Filología Gallega por la Universidad de Santiago de Compostela, trabaja en el Instituto da Lingua Galega y es miembro de las Redes Escarlata. Sus primeros textos vieron la luz en revistas como Dorna, Andar 21 o Nova Ólisbos. En 2008 publicó una colección de poemas en la Revista das Letras del periódico Galicia Hoxe bajo el título Escola do resentimento. Ha publicado Crac (Edicións Barbantesa, Cangas, Galicia, 2011) y Celebración (Apiario, La Coruña, Galicia, 2014). Entre otros, ha recibido el Premio de la Crítica de poesía gallega en 2014 y el Premio Nacional de Literatura en la modalidad de Poesía Joven “Miguel Hernández” en 2015. [Festival de Poesía de Córdoba 2016]

* * *

non quixemos entrar
preferimos no entanto meternos os dedos na boca
até dar coa ferida.
E ficamos alí
avergoñados
cos ollos tristóns
e un rego de cuspe a esvarar pola pel do pescozo
 
na palabra aborixe
no desexo de nacer
 
(pois obviamente só me recoñezo no vicio 
desde Tádzio a Hefestión)
na liñaxe do servo.
 
* 
 
no quisimos entrar
preferimos no obstante meternos el dedo en la boca
hasta hallar la herida.
Y quedamos allí
avergonzados
con los ojos tristes
y un río de saliva resbalando por la piel del cuello
 
en la palabra aborigen
en el deseo de nacer
 
(pues obviamente sólo me reconozco en el vicio
desde Tádzio a Hefestión)
en el linaje del siervo.
 
(De Crac.)
 
* * *
 
ti, tamén ti,
aprendiches da moreira
branca
a cruzar o verán
pola ruta
que atravesa 
o bosque á 
metade.
 
Fóra
brilla o sol da última coresma
en que comemos.
 
É inútil tapiar as portas,
facer da casa un varadoiro
contra aquilo que se impón 
desde máis 
alá da
soleira.
 
Fóra
brilla o sol da última vixilia
en que quixemos comer.
 
Qué carencia foi esta que eliximos pactando. 
 
Velaí a pregunta:
 
por que a fame.
 
*
 
tú, también tú,
aprendiste de la morera
blanca
a cruzar el verano
por la ruta
que atraviesa
el bosque por
medio.
 
Fuera
brilla el sol de la última cuaresma
en que comimos. 
 
Es inútil tapiar las puertas,
hacer de la casa un varadero
contra aquello que se impone
desde más
allá del
umbral. 
 
Fuera
brilla el sol de la última cuaresma
en que quisimos comer.
 
Qué carencia fue ésta que elegimos pactando.
 
He ahí la pregunta:
 
por qué el hambre.
 
(De Celebración.)
 
* * *
 
tes a idade da túa pel,
pero a memoria é vella de máis para entendelo.
 
Repetirei o teu nome cando sexas outro 
para evocar
aquilo que perdín e amei fondamente.
 
A linguaxe dura.
 
Os corpos non.
 
*
 
tienes la edad de tu piel,
pero la memoria es demasiado vieja para entenderlo.
 
Repetiré tu nombre cuando seas otro
para evocar
aquello que perdí y amé hondamente.
 
El lenguaje dura.
 
Los cuerpos no.
 
(De Celebración.)
 
* * *
 
Adeus
 
Díxenlle á terra: 
 
Non deixes que este olor a forasteiro te confunda. 
Eu son de aquí.
O meu corpo pertence a este horizonte de herba mala.”
 
Despois, só tiven que abrir os ollos. 
 
Espertei nun piso da rúa das Camelias co corazón calmado,
pero aquela cidade non era a miña, dixeron.
 
Eu era do río que rebasa polos bordos nas enchentes,
da lama nos pés se cruzas pola braña.
 
Aterrei coa pel curtida de soñar aquel retorno
que a miña paixón máis profunda negaba dentro.
 
Despois, houbo máis lugares. 
 
Estiven só percorrendo outros carreiros
co sangue canso de cavar
na mesma neve.
 
Faltáronme as palabras para dicir aquel desexo,
pero o camiño ao fogar é sempre un e non se escolle.
 
Eu era do cheiro a sulfato nos viñas en agosto,
dos cans ouveando no curral cando chega a tormenta.
 
Volvín coa memoria da paisaxe en carne viva.
 
A miña idea de fogar
combustionaba.
 
*
 
Adeus
 
Le dije a la tierra: 
 
No dejes que este olor a forastero te confunda. 
Yo soy de aquí.
Mi cuerpo pertenece a este horizonte de maleza.”
 
Después, sólo tuve que abrir los ojos. 
 
Me desperté en un piso de la calle Camelias con el corazón calmado,
pero aquella ciudad no era mía, dijeron.
 
Yo era del río que desborda en las crecidas,
del barro en los pies si cruzas el pantano.
 
Aterricé con la piel curtida de soñar aquel retorno
que mi pasión más profunda negaba por dentro.
 
Después, hubo más lugares.
 
Estuve solo recorriendo otras veredas
con la sangre cansada de cavar
la misma nieve.
 
Me faltaron las palabras para decir aquel deseo,
pero el camino al hogar es siempre uno y no se elige.
 
Yo era del olor a sulfato en las vides por agosto,
de los perros ladrando en el corral cuando llega la tormenta.
 
Volví con la memoria del paisaje en carne viva.
 
Mi idea de hogar
combustionaba.
 
(Inédito.)

											

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