Mario Ortiz

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Mario Ortiz

Investigador y docente de literatura contemporánea. Participó brevemente en la formación del colectivo artístico Poetas mateístas en 1985, junto con Marcelo Díaz, Sergio Raimondi, Fabián Alberdi y Omar Chauvié. Colaboró con el proyecto editorial VOX. Todos sus libros de poesía tienen el título general Cuadernos de lengua y literatura. Lleva publicados diez volúmenes: I y II (Vox, Bahía Blanca, 2000 y 2001); III (yo luis carapella) (Cooperativa Editora El Calamar, Bahía Blanca, 2003); IV (El libro de las formas que se hunden) (Gog & Magog, Buenos Aires, 2010); V (Al pie de la letra) (17 Grises, Bahía Blanca, 2010); VI (Crítica de la imaginación pura) (La Propia Cartonera, Montevideo, 2011); V, VI y VII (Eterna Cadencia, Buenos Aires, 2013); VIII (Conectores temporales) (Eterna Cadencia, Buenos Aires, 2014); IX (Ejercicios de Lectoescritura) (Editorial Liliputiense, España, 2014); y III ½ (La canción del poeta atrasado) (Miembro fantasma, Córdoba, 2015). [Festival de Poesía de Córdoba 2016]

* * *

Escrito con una hebra de lana marrón que encontré por ahí

Tomá el hilo y extendelo.
Colocá en uno de sus extremos a una madre junto a unas agujas.
Distribuí cuatro paredes y formá una habitación con un amplio ventanal que dé a un patio con plantas y una parra.
¿Es la tarde? ¿Ya anochece y es otoño? Desplegá con tu mano el color del cielo, de las cosas y de la luz. Cuidá esos detalles.
La madre comenzará a tejer. Soltá el hilo a medida que lo demande.
Aprovechá ese momento porque la hebra es extremadamente corta, apenas unos centímetros.
Cuando ya no sientas en la yema de tus dedos el cosquilleo de la lana que va corriendo, cerrá los ojos por un momento hasta que todo haya desaparecido.

Ese pulóver hubiese sido para vos.

* * *

Eso que está ahí es una silla. Es de madera y tiene cuatro patas; el asiento y el respaldo son de paja entretejida. Aunque sus encastres se descolaron un poco, es una buena silla. Su baile es ligero, no marea ni asusta y nos acompañó durante varias mudanzas.
Ahora, canta un pájaro sobre el tamarisco. Creo que es un bichofeo.
Me apuro a tomar nota: no existe una relación directa entre el pájaro y la silla, pero sé que si uno de los dos faltase, algo se disgregaría irremediablemente.

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