Ana Paulinelli

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Ana Paulinelli

Ana Paulinelli

De profesión arquitecta. Docente de comunicación visual y diseño editorial. Escribió, diseñó y publicó Yolana (Viento de Fondo, Córdoba, 2010). Publicó poemas en el boletín literario ¡Basta ya! entre 2008 y 2014. Participó en dos antologías de poesía. [Festival de Poesía de Córdoba 2016]

* * *

I
 
El miedo es como un caballo salvaje,
negro y brillante.
Según la costumbre de nuestros indios,
hay que acercarse de a poco.
Sin hablar.
Permanecer en presencia.
Dormir a su lado.
 
Más adelante, darle de comer en la boca. Avena.
Mientras, decirle algunas palabras.
Suave y quedo.
Seguir durmiendo a su lado.
Comenzar a tocarlo apenas.
Siempre mostrando la mano, pasarla por el hocico.
Hasta que confía en la mano.
Ve que es una caricia.
 
Luego hablarle por más tiempo,
mientras se lo cepilla,
recorriendo el cuerpo hasta sacarle las cosquillas
de la panza y las verijas.
Y él, el caballo invencible se habrá acostumbrado
a ese hombre que le habla, le da de comer y lo
acaricia.
Se vencen sus fronteras. Aprendió a confiar.
Hasta que lo monta.
Lo monta y el caballo aprende que él ya es su
dueño.
Sin violencia, sin golpes, ni gritos.
Es negro y brillante, pero no salvaje.
 
Y ese día, el caballo se ha perdido.
El hombre le pone un nombre.
 
* * *
 
XXXVII
 
Hace poco me vino como regalada una casa:
trámites, idas y vueltas, crédito, concreción.
 
Como tarea,
aprender acerca de la sincronicidad,
el tiempo y el espacio en el momento justo.
 
Cuando entraba una noche, miro el cielo:
instante.
Me di cuenta de todo.
 
Nada casual... otro útero.
Casa útero fue aquella paterna
primera casa en el medio de la manzana.
Para llegar,
había que pasar por un largo tramo
de tres metros de ancho que era de tierra,
luego lo cubrieron de baldosas.
Mi mamá lo barría en zigzag,
entonces lo mirabas desde la galería
y veías la obra.
Ella hacía jardín zen y no lo sabía.
 
Todo el vecindario se sentaba en la vereda
a cierta hora de la tarde.
Nosotros no. Lo nuestro era la galería. El piano.
Disfrutábamos del fresco en la casa.
Mirábamos el cielo y la parra.
Uvas rosadas, negras y blancas.
 
Otra vez tengo casa útero,
otra vez, para empezar otra vez.
Con otra piel,
naciendo a otro ser.
Voy a ser lanzada hacia otra vida.
 
Sincronicidad.
 
Mientras...
me preparo,
miro el cielo,
tomo fuerzas,
sueño y dseseo.
 
Hay un norte.
 
(De Yolana.)

											

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