Carlos Ríos
Publicado por Festival Internacional de Poesía de Córdoba 0 Comentario(Santa Teresita, provincia de Buenos Aires, 1967). Es autor de los libros de poemas Media romana (2001), La salud de W.R. (2005), La recepción de una forma (2006), Nosotros no (2011), Perder la cabeza (2013), Unidad de traslado (2014), Deserción en Ch’ongjin (2014) y Excursión a Farandulí (Vox, 2015); de las plaquetas Códice Matta (2008), La dicha refinada (2009) y Háblenme de Rusia (2010); de las novelas Manigua (2009), Cuaderno de Pripyat (2012), Cielo ácido (2014), En saco roto (2014), Lisiana (2014), Cuaderno de campo (2014), Obstinada pasión (2015), Rebelión en la ópera (2015) y Un día en el extranjero (2015); y de los relatos A la sombra de Chaki Chan (2011), El artista sanitario (2012) y Casapuente (2014). [Festival de Poesía de Córdoba 2016]
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ESCRIBO EN ESTE TROZO DE PAPEL la gracia o el
espanto de la hormiga, todo eso que no se sabe
para dónde va y qué importa. La hormiga: su
espanto de viento seco; qué ojos la miran
mientras alguien la escribe, la pasa por encima
con palabras, aplasta su espalda como el
capitalista apoya en las arrugas del trabajador
su mocasín, para darle lustre.
ESCRIBO EN ESTE TROZO DE PAPEL el riesgo
de hablar sin que me escuchen, en específico
el riesgo de la acción de estar hablando
y encontrar en el que escucha alguien
incapacitado de escuchar o el riesgo
de encontrar bajo la piel del que me escucha
un corazón, ese órgano que late como si
respondiera a las ondas de un curso menos
líquido que sonoro. Puede ser que pensar el
corazón nos llame a engaño, pero no hay
riesgo porque es un órgano incapaz
de escuchar lo que se dice en otro lado.
El corazón no puede oírte, a quién se le ocurre
que puede dejar el río de sangre de lado para
ponerse a escuchar, ¡para escucharte!
ESCRIBO EN ESTE TROZO DE PAPEL la muerte de
la monja mientras comía un durazno; se
desplomó sin más, como una bolsa, decirlo así
habla mal de mí: cayó más bien como caen las
plumas de los pájaros cuando parten al medio
el corazón del invierno. Qué ruso me puse.
Qué ruso se puso todo. ¿Hay monjas en Rusia?
¿Su modo de morir es desplomarse? Como
cierre digamos que el durazno continúa
suspendido gracias al mordisco de la monja.
Desde esta cerrazón puedo verlo, no al
durazno, sí a lo otro, o ni siquiera, desde afuera
lo que se ve es cierto sistema, su posible
estructura, listo para morder o ser mordido.
(De Excursión a Farandulí.)
