Mariángeles Taroni
Publicado por Festival Internacional de Poesía de Córdoba 0 ComentarioMariángeles Taroni
(Pilar, Buenos Aires, 1982) Viví anhelando la ciudad. Llegué a la Ciudad Feliz, y no me alcanzó, me fui a la gran ciudad de Capital Federal, viví pensiones, teatros, noches, aplausos, soledad y drogas. Estudié cine y vendí mi tiempo y creatividad a la publicidad. Hasta que me morí en 2008 (en realidad fue un suicidio, necesario en aquel entonces). Ahí mismo, me volví a nacer. Trasladé mi cuerpo y mi ignorancia que creía conocimiento, a una carpa en el monte cerca de Capilla del Monte, viví un año sin las luces, ni los gases, ni las señales celulares. Viví silencio. Aprendí de la tierra, otra vez, o por primera vez, lo que hoy soy. Siempre escribí para vomitar mis pasos, dejar huella y, cuando me pierdo, reencontrarme. Hoy vivo en el rancho que mis manos levantan hace seis años en San Esteban, sierras de Córdoba. Ya no estoy sola. [Festival de Poesía de Córdoba 2016]
* * *
¿Cómo hago para vivir en un rancho en la montaña?
Me pongo constantemente en el lugar de los seres que me rodean.
Y me pregunto:
¿dónde me escondería si fuese un escorpión?
¿qué comería si fuera hormiga?
¿por dónde andaría si fuese serpiente?
Quizás por eso, prefiero vivir entre animales
que entre los hombres.
* * *
Clara adora los surcos de su mano. El perverso juego del entrar y salir
de mundos que la hacen
sentirse deseada, ser la enamorada
de un hombre
un poco mayor.
¿Cabalgamos? le pregunta
cerrando la puertita baja
de la boletería.
De fondo música que recordará por siempre
suenan los estes y oestes
de jacarandaes desconocidos,
un mono al que le dicen Liso,
un Ilarié a coro,
una invitación a tomar el té.
Ella se sienta, liviana, sobre sus piernas
que suben y bajan en pequeños golpecitos
que le recuerdan, a Clara,
el campo y el cabalgar.
Clara sabe
que la ventanilla cuadrada de la boletería
es el marco visible,
lo de abajo
lo que pasa por abajo
lo escondido
lo que los otros no ven
es lo prohibido.
Por la ventanilla
desde afuera
se ve la sonrisa de Clara
dispuesta a bajar del caballo Azul
y saltar a tierra firme
si alguien se asomara
a pagar una vuelta en calesita.
Primeras máscaras de Clara,
entre lo que está bien
y lo que está mal.
No piensa, Clara
siente cosquillas entre sus piernas
y siente pena
de la soledad avejentada
de las manos de aquel hombre.
Clara sabe
que “se hace más fácil con pollerita que con pantalón” y “es mejor y más rápido si venís, también, sin la bombacha”.
Le duelen las uñas largas
pero le gustan
porque vio que los músicos las usan así.
Éste es nuestro secreto,
era la frase de despedida.
No había rencor ni adiós.
Clara guardaba silencio
calló lo prohibido
por miedo a perder
su juego, su calesita, sus cosquillas y su amor.
